
En nuestro País, la literatura venatoria es de una
riqueza inigualable. Diversos autores a lo largo de la historia han
coincidido en alabar al podenco de forma absolutamente justa, ya que todo
aquél que lo hubiese visto trabajar no podía por menos que asentir en la
abismal superioridad de nuestros podencos frente a otras castas caninas.
Corría el siglo XV cuando la familia Hurtado de
Mendoza escribe al rey de Castilla con motivo del envío de unos presentes
en deferencia al gran apoyo que la citada familia recibía de la corona.
Los Hurtado de Mendoza pertenecían a la rama segunda de la casa del
infantado, y eran dueños de grandes extensiones de tierras y muchas
cabezas de ganado. Como nobles, eran asiduos en el ejercicio venatorio, y
poseían unas magníficas cuadras y una gran rehala con "... un buen cavdal
de Podencos et Lebreles et de Alanos".
"El señor enbio vos tres, dos podencos et una podenca es mejor casta que
ay en el mundo y del hum podenco vos certifico que non se puede mejorar"
Los podencos pelicerdeños de los Hurtado fueron muy
alabados por la corte y sus descendientes montaron con los mejores perros
de los monarcas castellanos durante muchos años.
En 1644 (siglo XVII) Alonso Martínez del Espinar en su
"Arte de Ballestería y Montería" destaca al podenco como uno de los tipo
caninos más difundidos y apreciados por los cazadores de la época, sin
bien es verdad que en el siglo XVII los nobles preferían a los perros de
muestra, y la mayor parte de la bibliografía de la época está dedicada
casi por exclusividad a los perdigueros y perros de punta. El podenco pasó
a convertirse en el perro del pueblo. La absoluta autosuficiencia del
podenco para la caza menor le hizo gran aliado del campesinado con pocos
recursos, para los cuales la caza no era un deporte, sino un modo de
subsistencia.
Durante el siglo XVIII siguió la tónica respecto a las
obras literarias dedicadas a la caza. La nobleza versada en la letras y
claramente influenciada por esnobismos foráneos inició un despegue
cualitativo para lograr mayores privilegios sobre el pueblo llano.
Comenzaron sesudos debates para reivindicar la pertenencia (casi por obra
divina) al grupo de los elegidos.
Dice José Cadalso en sus "Cartas Marruecas". "Instando
a mi amigo cristiano a que me explicase qué era nobleza hereditaria,
después de decirme mil cosas que no entendí, y de reírse conmigo de muchas
cosas que decía ser muy respetable en todo el mundo, concluyó con estas
voces, interrumpidas con otras tantas carcajadas de risa: Nobleza
hereditaria es la vanidad que yo fundo en que ochocientos años antes de mí
nacimiento, muriese uno que se llamó igual que yo me llamo, y fue un
hombre de provecho, aunque yo sea un inútil".
Este ambiente es el que se respira en la sociedad de
una época de grandes privilegiados para la clase noble y de gran hambrunas
para la población campesina que vio cómo para poder sobrevivir se hacían
repartir por las villas las llamadas "sopas económicas", consistentes en
chirivías hervidas, algarrobas, pan duro, manteca de cerdo, sal y vinagre
y agua en cantidad. Veinticinco libras de este preparado era ración para
cincuenta personas.
Esta situación se prolongó durante toda la segunda
mitad del siglo XVIII, y en Andalucía sumió al campesino en la más
profunda de las miserias. En este contexto, el podenco, como animal
prácticamente autosuficiente, estuvo al lado de los pobres como gran
ayuda, pues bastaba un solo perro para aportar algo de carne de caza a los
depauperados estómagos de sus dueños.
El siglo XIX no comenzó mejor para el pueblo español,
ya que tras las hambrunas del dieciocho, llegó la ocupación francesa, con
la consiguiente continuidad de falta de alimentos durante la guerra. Sin
embargo, el podenco seguía allí, al lado del campesinado.
En el año 1864 es publicado en Madrid el "Tesoro de
los perros de caza o arte de conocer las razas de perros". Esta obra
recopilada fue editada por una sociedad de cazadores de la cual no
conocemos ni su sede ni su denominación. En los párrafos dedicados al
podenco, podemos leer:
"El podenco ha de ser muy ligero, aunque no tanto como el galgo, y ha
de tener la cabeza ancha, el hocico agudo, las orejas como el lobo,
derechas hacia arriba, la cola enroscada y muy poblada de pelo por la
parte inferior. Este perro es muy mañoso y sutil y de un olfato
sobresaliente para los rastros: Mata los conejos en los más espesos
jarales, y caza también las liebres de noche, lo que no hacen los
galgos, porque no son de tanto viento y rastro. Generalmente se emplea
al podenco para toda clase de ojeos, y para adiestrarle basta sacarle
a menudo a caza".
En los grupos de caza de podencos, llamados recovas o
rehalas, existían unos perros cuya única función era la de llevar las
piezas atrapadas por los otros perros al cazador. Estos perros
especialistas reciben la denominación de "quitaores". Muchos autores han
considerado a estos perros como grandes podencos. En la obra citada
anteriormente define al "quitaor" como:
"En las cacerías a ojeo se da nombre a un perro mixto
de podenco y alano, que puede considerarse como jefe de la rehala, nombre
con que designan los cazadores la reunión de todos los perros. Por lo
común, el quitaor no caza, sino que va observando a los demás perros para
apoderarse de las piezas que los otros cogen, antes que las estropeen o se
las coman, y llevárselas al amo".
Aunque esta definición pueda ser reveladora, cierto es
que en tiempos recientes la función de quitaor pasó a ser desempeñada por
podencos de talla grande. Por un lado, por falta de alanos, que hizo
imposible estos cruces; y por otro, por la absoluta capacidad de los
podencos de mayor envergadura para desempeñar este trabajo. Sin embargo,
el quitaor no sólo actuaba en las recovas, sino que su campo de acción se
extendía a las "manos" de los galgos para la caza de la liebre. Los
célebres podencos "Campaneros" (sinonimia del actual podenco andaluz de
talla grande), eran y son auténticos especialistas, pues las tierras de
Campana, Carmona, tienen extensos páramos de cereales en los que habitan
bravas liebres. Una carrera cualquiera de galgos puede fácilmente alejarse
del cazador varios kilómetros; la ayuda del quitaor para arrebatarle la
liebre a los galgos y llevarla al cazador es inestimable.
Ya hemos comentado que la razón de ser podenco es
la caza. Uno de los mayores cazadores de nuestra literatura es don Antonio
Corvasí. En sus muchos relatos menciona al podenco como el mejor perro del
mundo para el ejercicio venatorio.
"El rey de los perros de la montería es siempre y será en la caza
mayor, el podenco. Valiente en la lucha, incansable para la fatiga,
duro, obediente y ágil como una ardilla, noble y leal para su amo;
reúne todas las buenas condiciones de un magnífico perro de caza
mayor".
La mayoría de los autores antiguos, cuando tratan
al podenco, no hacen distinciones en cuanto a agrupaciones raciales
concretas. Fue en el año 1898 cuando se publicó el primer trabajo que
catalogó a los podencos de la Península y que a la postre sentaría las
bases teóricas de la raza que hoy conocemos como Podenco Andaluz. El autor
Manuel Rodríguez "Lupus", es además de experto cazador, un buen zootécnico
y dejó para la posteridad su excepcional trabajo, a la postre uno de los
más importantes en lo respecta al Podenco Andaluz.
EL PERRO PODENCO ANDALUZ EN EL CONJUNTO DE LAS RAZAS AUTÓCTONAS ESPAÑOLAS
Hablar del Podenco Andaluz dentro de la cinofilia
española conlleva grandes paradojas y contradicciones. Por un lado,
tenemos que la raza más numerosa de entre las nuestras, contando sólo en
Andalucía con una población superior a la suma de resto de los raciales
autóctonos, ha sido una de las últimas razas en alcanzar el reconocimiento
oficial manteniéndose en un estado de indefinición hasta apenas unos años;
por otro, siendo la más común de las razas es a su vez más desconocida,
"raza casi sin historia y en olvido", tal y como refiere Sarazá Ortiz en
su obra "Canicultura" (1.963), que no ha contado con profundos estudios
técnicos y científicos hasta bien entrada la década de los ochenta y sobre
todo los años noventa. Esta situación ha conllevado de forma positiva la
conservación de la totalidad de los efectivos en su más estado funcional,
al margen de modismos y esnobismos superfluos, donde la funcionalidad,
adaptabilidad y rusticidad han sido los criterios impuestos de una
generación a otra por el hombre de campo y la selección natural.
Fue a raíz del I Symposium de Razas Caninas Españolas
en 1.982 cuando se sentaron las bases de los primeros estudios biométricos
sobre la raza, y a partir del siguiente Symposium, en 1.992, tomó cuerpo
el Podenco Andaluz como raza oficialmente reconocida contando ya con una
asociación de criadores plenamente constituida, el Club Nacional del
Podenco Andaluz; un patrón racial reconocido (fruto de dicho Symposium) y
un libro genealógico, cuyos registros se incluyeron en el Libro de
Orígenes Español (L.O.E.) de la Real Sociedad Central de Fomento de Razas
Caninas en España. Desde entonces, se estructuró oficialmente la raza
considerando dentro de ella tres tallas o tamaños diferentes: Talla
Grande, Talla Media y Talla Chica, y además tres tipos de pelo distintos
como son el pelo corto, liso o fino; pelo duro o cerdeño y pelo largo o
sedeño. De aquí deducimos, por la combinación de las diferentes tallas con
las variedades de pelo, la existencia de nueve entes distintos dentro de
la raza Podenco Andaluz.